Viernes 21 de Noviembre,
han pasado las 12 de la noche y sigo siendo incapaz de conciliar el sueño.
Parezco un niño la noche de reyes con la diferencia que el despertador sonara a
las 5:20… Un parpadeo después suena, me levanto y sigo el ritual de tantas
mañanas. Desayuno lo mismo que cualquier lunes pero creo que hoy la insulina no
me va a hacer falta, quemaremos azúcar.
A las 6:15 ya estoy en la salida dejando la bolsa de vida que podré utilizar en el km 53. Me encuentro con Allan y empezamos a comentar nerviosos cualquier cosa que nos viene a la cabeza. Se me pasa volando el tiempo y cuando me quiero dar cuenta estamos en la salida con Salva y David de ISB, y un amigo de David, Oriol, que no soy consciente de la relevancia que va a tener para mi carrera. Echamos de menos a Carlos, pero puede que esté en primera fila, ya que tenía ganas de pelear el top10.
Se lanza la carrera y en
la primera curva perdemos a Salva! Jajaja. Y no es porque Allan y yo vayamos lentos.
Aun así no nos obsesionamos, seguimos a ritmo alegre y vamos subiendo la
primeras cuestas hacia plaza Mireia y así evitar luego atascos. Corremos a
gusto mientras va saliendo el sol por un paisaje fabuloso, cómodos y
disfrutando.
Antes de salir me había apuntado
en el dorsal los tiempos de paso para hacer 9h30. No me obsesionaba conseguir
la marca, pero pensé que sería bueno tener alguna referencia. Llego al primer
avituallamiento (km 8) 10 minutos por debajo de lo que tengo marcado y me
reencuentro con Allan, que se había escapado un par de km antes. Me siento
fuerte con lo que ni paro a mirar niveles de azúcar, llevo apenas una hora
corriendo. Tomo plátano, isotónico y un par de trocitos de barritas y empezamos
el descenso que nos llevara a Molins. Vamos charlando tranquilamente un par de
kilómetros hasta que la senda se estrecha. Vamos adelantando gente hasta que me
quedo bloqueado detrás de dos corredores y Allan se me vuelve a escapar. No me
obsesiono y continúo a mi ritmo.
Antes de que me quiera
dar cuenta estoy en el segundo avituallamiento, la ermita de la Salud. Recordaba
el ascenso desde Rubí mucho más agónico, pero es cierto que hacía más de un año
que no lo volvía a correr. Llego en 2h15, 30 minutos por debajo de lo que me había
apuntado. Eso me da fuerzas y después de comprobar que los niveles de azúcar están
correctos, repongo agua, como algo y continuamos. Subida al Puig Madrona y
descenso, y aquí es donde algo se empieza a cruzar. Llevaba dos semanas con
dolores en la rodilla derecha, y el casi 1 km de descenso técnico parecen poder
con ella. La maratón del Montseny me había dejado una sobrecarga en la aleta
del cuádriceps que rodea el interior de la rodilla. Pero una visita a Javi, mi
fisio, parecía haberlo arreglado…
No era el caso, continuo
los 14 km que me quedan hasta el siguiente avituallamiento pensando en réflex. Algunos
de los tramos aquí son de asfalto y me castigan especialmente la rodilla. Llego
realmente tocado al km37,5, llevo 4h30, he perdido todo el tiempo que llevaba
de colchón y estoy en tiempos para hacer 9h30. Me doy ánimos a mí mismo
repitiendo que ese tiempo ya sería un triunfo, y que he pasado la que considero
la zona más fuerte y técnica de subida. Me miro el azúcar (136), me ponen una
crema en la rodilla, me como un sándwich y me vuelvo a encontrar con Uri. El
amigo de David. Habíamos coincidido en la últimas cuestas fuertes alrededor del
35 (Turo de Can Pascual) y corrido unos km juntos. En aquel momento aparte del
dolor tenia rampas en los gemelos, a lo que amablemente me había dado un gel de
magnesio. Y esto no sería lo último que tendría que agradecerle…
![]() |
| Pantano de Vallvidriera, el fotografo escondido debajo un arbol... Que susto me da el jodido... |
Salimos juntos, cruzamos
la carretera por debajo por un túnel, y empezamos a subir hacia Can Cortés. Aquí
Uri se escapa, está más fuerte y yo tengo mucho dolor y muchos fantasmas.
Incluso llegando al acueducto, y empezando a bajar la trialera que lleva a Can
Borrell parece que mi ánimo no va a
cambiar. Estoy en casa como quien dice, es una trialera que ni sé cuántas veces
he hecho en el último año, tanto de subida como de bajada. En Can Borrell el
recorrido nos tiene otra sorpresa con un corriol de subida casi tan vertical
como el que acabamos de bajar. En ese momento soy un walking dead que no hago más
que apartarme para dejar pasar a corredores con más ritmo, que son,
básicamente, todos.
Al final de la subida,
sorpresón! Carlos y Mireia animando! Me paro un par de minutos a hablar con
ellos. Parece ser que esta mañana el cuerpo de Carlos no ha querido levantarse
y no ha podido llegar. Se ponen a trotar conmigo y les verbalizo lo que va
rondando por mi cabeza hace rato, “creo que cuando llegue al 53 lo voy a dejar, no puedo más con esta rodilla…”
En el Pi d en Xandri me dejan chillándome (ella) “Usa la cabeza” y (él) “Échale
un par de Huevos, Julio!!!” J Gracias guapos! Ayudasteis más de lo que creéis. Los siguientes 7 km son
pura agonía. Solo quiero llegar al avituallamiento, en varios momentos voy casi
llorando de dolor y corro los últimos 2 km no por fuerzas, sino por acabar de
una vez…
Entrando en Can Coll
(avituallamiento km 53) cojo el móvil y llamo a Sandra: “Cariño, me voy a
cambiar de ropa y a comer, y creo que lo dejare… desde aquí pueden llevarme
hasta la salida… Te avisare para que vengas a recogerme…” Parece lo más sensato,
ella me anima, como siempre, “que ya puedo estar orgulloso de lo que he
conseguido…”
Y entonces pasaron muchas
cosas que no creo sean fáciles de entender. Sentarme ya con ropa seca, mirarme
el azúcar y descubrir que al lado tienes a alguien haciendo lo mismo! Risas,
preguntas, compartir niveles de azúcar mientras alrededor la gente alucina. Nos
chulea un rato sobre llegar antes de las 18 y se va dejándonos a todos con una
sonrisa. Y luego apareció Uri, el amigo de David, que se metió entre ceja y ceja
que no me dejaba allí. “Solo nos quedan 26km, Julio!”. Y me lo dijo con una
tranquilidad, que no le pude decir que no… Me da una crema para la rodilla, dos
vasos de caldo, un sándwich y vuelta a la carga.
Para cuando me quiero dar
cuenta voy corriendo detrás de un barbudo mientras le escribo por whatsapp a mi
mujer “Continuo, Tq”. Voy en una nube, vamos corriendo, cuando 15 minutos antes
casi no podía caminar. Corro incluso cuando el camino se empieza a poner cuesta
arriba, ojo, si es muy cuesta arriba, camino.. J Uri sigue muy enrampado, a mí en cambio parece
que me han desaparecido todos los males. Cuando me quiero dar cuenta se ha
quedado atrás, pienso que entenderá que no lo espere. Pero no aprovechar el
impulso que llevo me parece que puede marcar el acabar o no. Me pongo música y
corro tranquilamente hasta pasado el 60 que la pendiente vuelve a ponerse
complicada.
Aquí ya voy descontando
los km para acabar. Cada kilómetro que pasa es un triunfo y paso los siguientes
10 km de subida acompañado por mucha gente, los “Vamooos” de Enric, los
entrenos/terapia con Uri, el, los videos que llevo en el whatsapp de un montón
de amigos, los zumbidos del móvil de mis hermanos enviando ánimos, mis hijas
preguntando si subo las montañas como el trenecito de Dumbo… Pasar
el Portell de Valldaura me parece mágico con todos los voluntarios que hay allí
haciendo un pasillo y apladiendo. Olé! Y después de subir un poco más hasta el Mirador
del Bisbe y ver Montserrat con la luz del atardecer que se acerca…
Tras 2 km absurdos por
asfalto entro en meta. 11h20! Súper bien. Ya en meta es todo un torbellino de
emociones. Entro en meta con mis dos princesas, mientras Enric me va grabando,
para encontrarme al Petit al otro lado!!! Sandra, que la pobre ha sufrido toda
la parte oscura de esta aventura me regala la mejor mirada que pudiera
imaginar. Y empiezo a recoger todos los abrazos que me merezco y me he
prometido que tendría los últimos 10 km! A la gallega más bonita que podrás
encontrar en Barcelona, al hombre de Hierro con el mayor corazón, al meu Petit
Gran Amic y de todos los que sin estar me han empujado. Muchísimas gracias a
todos, un trocito de esto es culpa vuestra, y algunos sabéis que mucho
especialmente.
Lamento si esta entrada
es excesivamente larga, pero quería compartir lo que viví de la forma más
cercana, y que me sirviera a mi para tampoco olvidarlo. Se que gente me mira
con cara extraña cuando les digo que pese al sufrimiento, he disfrutado
enormemente y la repetiría sin dudarlo. Por supuesto con la rodilla en mejor
estado sería más agradable. Pese a ser la zona donde entreno normalmente he
pasado por sitios muy bonitos que no conocía. Y el ambiente entre corredores,
creo que difícilmente habrá cualquier otro deporte parecido. Yo mismo estaría
escribiendo la crónica de un abandono si no fuera por dos auténticos desconocidos
que me ayudaron a pasar el bache. Por cierto los dos acabaron, tanto Uri como
el compañero diabético, y pudimos felicitarnos en meta.
Y ahora, ya está?... No,
no creo. Mi mente ya ha empezado a pensar que hacer con toda la experiencia ganada.
Lo que es seguro es que diciembre va a ser un mes de descanso. De trotar, de
disfrutar sin ritmos, ni planes de entrenamiento ni nada. Después, pues la idea
es empezar con asfalto para intentar bajar la marca de la maratón. Y se acabó
la montaña? Ni en broma!! Gracias a acabar esta UTC recbiré 2 puntos UTMB, más
el de la Maratón del Montseny, pues el año que viene podríamos probar la CCC… J
Pero eso es otro cuento,
que explicaremos en otra ocasión…







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