miércoles, 26 de noviembre de 2014

Ultra Trail de Collserola

Viernes 21 de Noviembre, han pasado las 12 de la noche y sigo siendo incapaz de conciliar el sueño. Parezco un niño la noche de reyes con la diferencia que el despertador sonara a las 5:20… Un parpadeo después suena, me levanto y sigo el ritual de tantas mañanas. Desayuno lo mismo que cualquier lunes pero creo que hoy la insulina no me va a hacer falta, quemaremos azúcar.


 A las 6:15 ya estoy en la salida dejando la bolsa de vida que podré utilizar en el km 53. Me encuentro con Allan y empezamos a comentar nerviosos cualquier cosa que nos viene a la cabeza. Se me pasa volando el tiempo y cuando me quiero dar cuenta estamos en la salida con Salva y David de ISB, y un amigo de David, Oriol, que no soy consciente de la relevancia que va a tener para mi carrera. Echamos de menos a Carlos, pero puede que esté en primera fila, ya que tenía ganas de pelear el top10.

Se lanza la carrera y en la primera curva perdemos a Salva! Jajaja. Y no es porque Allan y yo vayamos lentos. Aun así no nos obsesionamos, seguimos a ritmo alegre y vamos subiendo la primeras cuestas hacia plaza Mireia y así evitar luego atascos. Corremos a gusto mientras va saliendo el sol por un paisaje fabuloso, cómodos y disfrutando.

Antes de salir me había apuntado en el dorsal los tiempos de paso para hacer 9h30. No me obsesionaba conseguir la marca, pero pensé que sería bueno tener alguna referencia. Llego al primer avituallamiento (km 8) 10 minutos por debajo de lo que tengo marcado y me reencuentro con Allan, que se había escapado un par de km antes. Me siento fuerte con lo que ni paro a mirar niveles de azúcar, llevo apenas una hora corriendo. Tomo plátano, isotónico y un par de trocitos de barritas y empezamos el descenso que nos llevara a Molins. Vamos charlando tranquilamente un par de kilómetros hasta que la senda se estrecha. Vamos adelantando gente hasta que me quedo bloqueado detrás de dos corredores y Allan se me vuelve a escapar. No me obsesiono  y continúo a mi ritmo.



Antes de que me quiera dar cuenta estoy en el segundo avituallamiento, la ermita de la Salud. Recordaba el ascenso desde Rubí mucho más agónico, pero es cierto que hacía más de un año que no lo volvía a correr. Llego en 2h15, 30 minutos por debajo de lo que me había apuntado. Eso me da fuerzas y después de comprobar que los niveles de azúcar están correctos, repongo agua, como algo y continuamos. Subida al Puig Madrona y descenso, y aquí es donde algo se empieza a cruzar. Llevaba dos semanas con dolores en la rodilla derecha, y el casi 1 km de descenso técnico parecen poder con ella. La maratón del Montseny me había dejado una sobrecarga en la aleta del cuádriceps que rodea el interior de la rodilla. Pero una visita a Javi, mi fisio, parecía haberlo arreglado…

No era el caso, continuo los 14 km que me quedan hasta el siguiente avituallamiento pensando en réflex. Algunos de los tramos aquí son de asfalto y me castigan especialmente la rodilla. Llego realmente tocado al km37,5, llevo 4h30, he perdido todo el tiempo que llevaba de colchón y estoy en tiempos para hacer 9h30. Me doy ánimos a mí mismo repitiendo que ese tiempo ya sería un triunfo, y que he pasado la que considero la zona más fuerte y técnica de subida. Me miro el azúcar (136), me ponen una crema en la rodilla, me como un sándwich y me vuelvo a encontrar con Uri. El amigo de David. Habíamos coincidido en la últimas cuestas fuertes alrededor del 35 (Turo de Can Pascual) y corrido unos km juntos. En aquel momento aparte del dolor tenia rampas en los gemelos, a lo que amablemente me había dado un gel de magnesio. Y esto no sería lo último que tendría que agradecerle…

Pantano de Vallvidriera, el fotografo escondido debajo un arbol... Que susto me da el jodido...


Salimos juntos, cruzamos la carretera por debajo por un túnel, y empezamos a subir hacia Can Cortés. Aquí Uri se escapa, está más fuerte y yo tengo mucho dolor y muchos fantasmas. Incluso llegando al acueducto, y empezando a bajar la trialera que lleva a Can Borrell parece que mi ánimo no  va a cambiar. Estoy en casa como quien dice, es una trialera que ni sé cuántas veces he hecho en el último año, tanto de subida como de bajada. En Can Borrell el recorrido nos tiene otra sorpresa con un corriol de subida casi tan vertical como el que acabamos de bajar. En ese momento soy un walking dead que no hago más que apartarme para dejar pasar a corredores con más ritmo, que son, básicamente, todos.

Al final de la subida, sorpresón! Carlos y Mireia animando! Me paro un par de minutos a hablar con ellos. Parece ser que esta mañana el cuerpo de Carlos no ha querido levantarse y no ha podido llegar. Se ponen a trotar conmigo y les verbalizo lo que va rondando por mi cabeza hace rato, “creo que cuando llegue al 53 lo  voy a dejar, no puedo más con esta rodilla…” En el Pi d en Xandri me dejan chillándome (ella) “Usa la cabeza” y (él) “Échale un par de Huevos, Julio!!!” J Gracias guapos! Ayudasteis más de lo que creéis. Los siguientes 7 km son pura agonía. Solo quiero llegar al avituallamiento, en varios momentos voy casi llorando de dolor y corro los últimos 2 km no por fuerzas, sino por acabar de una vez…




Entrando en Can Coll (avituallamiento km 53) cojo el móvil y llamo a Sandra: “Cariño, me voy a cambiar de ropa y a comer, y creo que lo dejare… desde aquí pueden llevarme hasta la salida… Te avisare para que vengas a recogerme…” Parece lo más sensato, ella me anima, como siempre, “que ya puedo estar orgulloso de lo que he conseguido…”

Y entonces pasaron muchas cosas que no creo sean fáciles de entender. Sentarme ya con ropa seca, mirarme el azúcar y descubrir que al lado tienes a alguien haciendo lo mismo! Risas, preguntas, compartir niveles de azúcar mientras alrededor la gente alucina. Nos chulea un rato sobre llegar antes de las 18 y se va dejándonos a todos con una sonrisa. Y luego apareció Uri, el amigo de David, que se metió entre ceja y ceja que no me dejaba allí. “Solo nos quedan 26km, Julio!”. Y me lo dijo con una tranquilidad, que no le pude decir que no… Me da una crema para la rodilla, dos vasos de caldo, un sándwich y vuelta a la carga.

Para cuando me quiero dar cuenta voy corriendo detrás de un barbudo mientras le escribo por whatsapp a mi mujer “Continuo, Tq”. Voy en una nube, vamos corriendo, cuando 15 minutos antes casi no podía caminar. Corro incluso cuando el camino se empieza a poner cuesta arriba, ojo, si es muy cuesta arriba, camino.. J Uri sigue muy enrampado, a mí en cambio parece que me han desaparecido todos los males. Cuando me quiero dar cuenta se ha quedado atrás, pienso que entenderá que no lo espere. Pero no aprovechar el impulso que llevo me parece que puede marcar el acabar o no. Me pongo música y corro tranquilamente hasta pasado el 60 que la pendiente vuelve a ponerse complicada.

Aquí ya voy descontando los km para acabar. Cada kilómetro que pasa es un triunfo y paso los siguientes 10 km de subida acompañado por mucha gente, los “Vamooos” de Enric, los entrenos/terapia con Uri, el, los videos que llevo en el whatsapp de un montón de amigos, los zumbidos del móvil de mis hermanos enviando ánimos, mis hijas preguntando si subo las montañas como el trenecito de Dumbo… Pasar el Portell de Valldaura me parece mágico con todos los voluntarios que hay allí haciendo un pasillo y apladiendo. Olé! Y después de subir un poco más hasta el Mirador del Bisbe y ver Montserrat con la luz del atardecer que se acerca…

Pasamos el último avituallamiento y hacia arriba, Vallvidriera, volver a entrar en el parque y la cabeza solo piensa en la meta. Tengo la suficiente cabeza de mirar el azúcar, estoy muy bajo a 65… Como el doble de lo que tenía pensado y a continuar que esto YA ESTÁ! Subiendo Sant Pere Martir he de contener mucho las emociones, llego a la antena y empiezo el descenso por la trialera. Ya está anocheciendo y voy muy cansado. Bajo lentamente con el frontal, sé que en meta esta espera se les estará haciendo eterna, pero no me apetece caerme ahora.

Tras 2 km absurdos por asfalto entro en meta. 11h20! Súper bien. Ya en meta es todo un torbellino de emociones. Entro en meta con mis dos princesas, mientras Enric me va grabando, para encontrarme al Petit al otro lado!!! Sandra, que la pobre ha sufrido toda la parte oscura de esta aventura me regala la mejor mirada que pudiera imaginar. Y empiezo a recoger todos los abrazos que me merezco y me he prometido que tendría los últimos 10 km! A la gallega más bonita que podrás encontrar en Barcelona, al hombre de Hierro con el mayor corazón, al meu Petit Gran Amic y de todos los que sin estar me han empujado. Muchísimas gracias a todos, un trocito de esto es culpa vuestra, y algunos sabéis que mucho especialmente.


Lamento si esta entrada es excesivamente larga, pero quería compartir lo que viví de la forma más cercana, y que me sirviera a mi para tampoco olvidarlo. Se que gente me mira con cara extraña cuando les digo que pese al sufrimiento, he disfrutado enormemente y la repetiría sin dudarlo. Por supuesto con la rodilla en mejor estado sería más agradable. Pese a ser la zona donde entreno normalmente he pasado por sitios muy bonitos que no conocía. Y el ambiente entre corredores, creo que difícilmente habrá cualquier otro deporte parecido. Yo mismo estaría escribiendo la crónica de un abandono si no fuera por dos auténticos desconocidos que me ayudaron a pasar el bache. Por cierto los dos acabaron, tanto Uri como el compañero diabético, y pudimos felicitarnos en meta.

Y ahora, ya está?... No, no creo. Mi mente ya ha empezado a pensar que hacer con toda la experiencia ganada. Lo que es seguro es que diciembre va a ser un mes de descanso. De trotar, de disfrutar sin ritmos, ni planes de entrenamiento ni nada. Después, pues la idea es empezar con asfalto para intentar bajar la marca de la maratón. Y se acabó la montaña? Ni en broma!! Gracias a acabar esta UTC recbiré 2 puntos UTMB, más el de la Maratón del Montseny, pues el año que viene podríamos probar la CCC… J

Pero eso es otro cuento, que explicaremos en otra ocasión… 

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