Abril y otro año llega a Barcelona la cita de la Cursa de Bombers. Para los que no la conozcan la Carrera de los Bomberos, mitos detrás aparte, en la que si que corren Bomberos locales, o de grupos cercanos con toda la equipación completa, lo que impresiona cuando te los encuentras.
Esta carrera tiene un significado especial para mí, ya que fue la primera que corrí, y en gran medida la culpable de esta afición. Hace ya 6 años que un "pequeño" pero gran amigo se cansaba de repetirme que tenia que ponerme a correr, que "era lo más!". Para mi, en aquel momento, en el que estaba a punto de ser padre, era un sufrimiento necesario para intentar poner freno a la barriga que estaba apareciendo. Con la treintena ya casi cumplida, y mi futura paternidad, pensaba que era una especie de semi dios griego cuando volvía de hacer máximo los 5-6 kilómetros, siendo generoso, que me costaba llegar hasta la playa y volver.
Aquel 2008 y al grito de "Julio tío, que la carrera sale debajo de tu casa!!", lo cual en aquel momento hasta puede que discutiera, decidí a apuntarme mas por hacerle callar que por convencimiento. Y cuando todos mis conocidos me decían que intentara acabar en una hora y ya esta, fuí capaz de correr los 10 kilómetros en 56 minutos y 20 segundos... ¡¡Veréis tan claro como yo en aquel momento que estaba llamado a ser todo un profesional!! jajaja ¡¡De echo no fui capaz de volver a correr 10 kilómetros seguidos en los siguientes 3 meses!!
Pero lo que si consiguió aquella primera experiencia fue pillar le un aliciente a lo de correr mas allá de controlar la cintura, y pese a que en aquel momento me pareciera imposible, empezar un camino que me ha traído no solo buenas experiencias sino también buenas amistades.
La Bombers de este año a priori no iba a ser muy especial. Solo quería probarme y volver a ponerme un dorsal, poco mas. Incluso me había apuntado por lo bajini sin avisar a ningún conocido, por si era el fiasco que esperaba inicialmente nadie se enterara. Algunas malas experiencias iniciales tras el debut diabetico, con algún amago de hipoglucemia entrenando, me habían dejado una sensación inicial de inseguridad. Pero tras el entrenamiento del lunes anterior, algo dentro de mi volvió a despertar. Algo me decía, "Julio, tu sal cargado de hidratos, nos tomamos media ración cada 4 km y a ver lo que sale! Y si luego nos hemos pasado... pues ya haremos bondad en la comida!" Y con esa intención me fui a la cama el sábado. Otra vez con esa sensación que tienen los niños la noche de reyes, o el día antes de una excursión... Sabiendo que ya tienes la ropa preparada y la mañana siguiente será especial.
Me despierto y veo como Enric ha dedicado la poca lucidez que le ha quedado tras una ultra de 70 km, y una noche de farra loca a enviarme ánimos por whatsapp. Esas palabras me van a perseguir toda la carrera. Desayuno mis 4 raciones de hidratos y me voy a encontrar con Víctor. Como Él me va a presentar a su compañero de trabajo, Víctor es "un amigo de toda la vida" :) Matamos los nervios comentando que entrenando los dos cerca del trabajo, por Sant Joan (Sant Cugat) pero no nos hemos encontrado nunca, los tiempos que nos gustaría hacer en la carrera y lo que tendremos que correr al acabar para llegar a los compromisos familiares que tenemos, como si no fuera poco ya... Rodamos suave diez minutillos, nos hacemos una foto para la posteridad y a falta de otros diez para empezar nos dirigimos cada uno al cajón de salida deseando nos la mejor suerte.
Ya en el cajón como siempre, me pongo ya la música y enciendo el reloj. Y intento no pensar en nada, como si eso fuera a darme mas fuerzas... Compruebo por enésima vez que llevo las pastillas de glucosa en el bolsillo del pantalón y paso el resto del tiempo obsesionado con un chico que tengo al lado con un buff de una marca de productos para diabéticos. ¿También es casualidad no? ¿Será él el diabético?¿O algun familiar? Como no me atrevo a preguntar me quedare con las ganas de saberlo, pero hubiera roto el misterio y la diversion
Para cuando me quiero dar cuenta empiezan los empujones que marcan que ya están juntando los cajones. Un grupo de musica empieza a cantar en directo una canción discotequera de los ochenta y paso ese ultimo minuto calculando cuanto me costara recortar los 15 metros que me separan de la liebre de 45 minutos. Solo quince metros pero abarrotados de gente que deben estar pensando en lo mismo: "Agarrarse a ese globo todo el rato que pueda". A priori la liebre de 42 me queda muy lejos y me parece demasiado reto, y aguantar al de 45 ya seria superar mi mejor marca.
Se oye el disparo de salida y entre aullidos y música atronadora nos vamos acercando a la linea de meta. Tengo la esperanza que una vez cruzada tendré espacio para correr. Iluso... Cruzar el arco de salida casi hace mas complicado avanzar. Todo el mundo esta intentado coger el ritmo y no hay casi espacio para caminar. Nervios, prisas y casi empujones me hacen estar mas concentrado en no caerme que en coger ritmo. Esta va a ser la tónica los próximos 3 kilómetros. Alerta para no caerme, y en cada curva la cosa se complica. La gente intenta coger la curva por la cuerda como si eso vaya a darles la victoria. Adopto la táctica de Redondo y abro los codos para darme un poco mas de espacio vital.
Al enfilar la calle Paralelo me doy cuenta que la liebre de los 45 no parece estar tan lejos, la veo a unos veinte metros. La suave pendiente de paralelo ayuda a estirar un poco a la gente, pero no es ninguna maravilla, me hago a la idea que va a ser así los 10 kilómetros, como acaba siendo...
Kilómetro 4, habitualmente liquido y me como la media ración de hidratos en formato de pastilla de glucosa. Sigue el slalom esquivando gente y tropiezos pero ya casi he pillado a la liebre de los 45. Por ahora no voy demasiado ahogado. Giramos a la Gran Vía sabiendo que todo lo que queda ya es bajada o plano. Entre este punto y el sexto kilómetro adelanto a la liebre. Me da un subidon y creo que acelero mas de lo que debería, pero ahora el trabajo ya casi esta hecho. Si cuento los segundos que me sacaba la liebre al salir, solo tengo que mantener el ritmo actual para estar justo delante de la liebre, o engancharme a él si me adelanta. Prefiero ni girarme para ver donde esta y sigo con el mismo ritmo, que pese a no ser fácil, tampoco se me esta atragantando.
Kilómetro siete me tomo otra media ración de hidratos y viene el trocito que menos me gusta de la carrera. Calle Ausias March, un falso llano en subida que cada año se me ha atragantado. Apreto un poquito el ritmo para asegurar que no me penalice y cuando me quiero dar cuenta paso el km 8 sabiendo que tengo casi 10 minutos para bajar de 45... Ya estoy ahí! Apreto todavía un poquito mas, descanso bajando por Via Laietana, y Bon Jovi sonando a toda castaña al final de la misma me ayudan cuando yo mismo he parado mi música haciendo el tonto... Giro a derecha y ya veo meta. Nunca he sido bueno con eso de hacer el último sprint, siempre empiezo antes de tiempo y llego vacío a meta, con lo que das una imagen tristisima entrando casi al trote. Se que nadie te mira, pero es cuestión de dignidad personal, aguanto como voy que no es poco.
Cruzo el arco de meta y esta vez sí (que a veces me olvido...) para el reloj. Sorpresa 43:58!! Se que es justo justo , pero es 43! Cuando un 45 ya me habría parecido genial!
Sigo trotando hacia la salida entre los cientos y cientos de corredores que ya han acabado. Lo de esquivar gente sigue siendo la tónica de la carrera. Pero esta vez me cuesta quitarme la sonrisa de la cara. Pensando en con quien compartirlo y pensando en muchas otras cosas. La primero es que Bombers vuelve a ser la primera carrera que corro. La primera carrera que corro con diabetes. Y de nuevo la primera carrera en la que el resultado es mucho mejor de lo esperado, 43.. ( si, si, lo que quieras, casi 44, pero hay un 3!! :) ). No se si peso menos, si estoy mejor alimentado o si le he echado mas cojones, pero llevaba casi 2 años intentando bajar de los 45, y lo he hecho ahora, que llevo una nueva compañera de viaje. No creo que este ni mejor ni peor entrenado que otras veces, pero lo que está probado es que la diabetes no va a poder ser la excusa para no continuar. O para no mejorar todavía más!
Ahora feliz con el resultado a descansar un poco y prepararse para los próximos días de semana santa, en los que pienso volver con mas ganas a la montaña. A subir y bajar la mola de Ares como si no hubiera mañana!
Hasta entonces, un abrazo

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